La Maestría en Liderazgo Positivo de la Universidad Tecmilenio cumple diez años como programa académico pionero que demuestra con evidencia científica que el bienestar de las personas es el motor más sostenible de la productividad y la transformación social.

Nacida formalmente en 2012, la maestría rompió con los esquemas tradicionales de la administración. La Dra. Rosalinda Ballesteros, directora del Instituto de Ciencias del Bienestar y de la Felicidad de la Universidad Tecmilenio, explica que el programa surgió al detectar señales que la pandemia de Covid-19 terminó por acelerar: la necesidad crítica de cuidar la salud mental en los entornos colectivos.

"La mayoría de lo que encontrábamos en temas de liderazgo y management eran historias anecdóticas de directores generales que escribían cómo guiaban un cambio basándose en su intuición. No era un estudio académico", señala Ballesteros. "Lo que hace la disciplina del liderazgo positivo es buscar de manera científica las variables que funcionan para todas las personas en temas de motivación, logro de resultados y productividad, poniendo el bienestar al centro".

El programa enfrentó escepticismo inicial sobre su viabilidad en América Latina, donde se argumentaba que culturalmente se requerían liderazgos más duros o micromanagement. Sin embargo, a través de herramientas de investigación desarrolladas en México, como el estudio anual Factor Well-being que evalúa a cerca de 25,000 trabajadores, Tecmilenio demostró que los enfoques basados en el miedo funcionan a corto plazo, pero generan costos altísimos por rotación. En contraste, el enfoque positivo incrementa el "esfuerzo discrecional".

De cara a la automatización y la irrupción de la inteligencia artificial, la maestría ya incorpora módulos de bienestar digital. "En México, siendo uno de los países de la OCDE con más horas trabajadas pero baja productividad, la IA y el liderazgo humano deben aliarse", añade la directora.

Un caso destacado es el de Rocío Suárez, alumna de la maestría que lleva educación a 44 cárceles femeniles en 22 estados de México a través de la asociación Plan B. "Los reclusorios son centros de reinserción social, pero muchas veces terminan siendo espacios de aprendizaje negativo. Cuando comencé con la maestría, vi la oportunidad de unir mi profesión con la psicología positiva para ver a las personas desde otro enfoque: el de la dignidad", relata.

Otro ejemplo es Alejandro Colín, quien lidera la implementación del Ecosistema del Bienestar en la DGETI, el subsistema de educación media superior más grande de América Latina con 474 planteles y 650,000 estudiantes. Inspirado en el modelo científico de Martin Seligman, diseñó estrategias donde los planteles se convierten en "esperanzas de vida". Tras iniciar en 18 planteles nuevos, se prepara una segunda etapa para 100 planteles adicionales y el lanzamiento de la Escuela para Padres enfocada en el Ecosistema del Bienestar.

"Para mí, la maestría no fue solo añadir conocimiento; fue un regalo de vida que transformó mi propia identidad y vocación como educador", concluye Colín.

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